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Historia

BELÉN VIVIENTE DE CABEZÓN DE PISUERGA

 

El Belén Viviente de Cabezón se viene desarrollando durante las fiestas navideñas desde el año 1978. En ella participan más de 90 personas que dan vida a los habitantes de Belén, cada uno de ellos representando un oficio típicamente castellano.

En la actualidad el número de representaciones es de  alrededor de cuatro por edición, la mayoría en horario nocturno aprovechando la magia que produce la noche con el resplandor de antorchas, hogueras y velas, y alguna  en horario diurno para que el numeroso público pueda disfrutar de todos los detalles de los decorados.

Es un proyecto que ha rebasado las barreras locales y provinciales y que está sobrepasando los límites de nuestra región, debido en gran parte a la declaración de “Fiesta de Interés turístico regional” desde el año 2004. El único con esta denominación en toda la Comunidad y creemos que en toda España.

La actividad la lleva a cabo la Asociación Cultural Amigos del Belén. Nuestro Belén comenzó representándose en el interior de la iglesia y luego en la Plaza de la Concordia. Desde 1981, quedará definitivamente ubicado frente a la entrada meridional de la iglesia parroquial, plaza que en 1991 será rebautizada como Plaza del Jardín del Belén.  Hasta que por iniciativa de esta Asociación se insta al Ayuntamiento a buscar un lugar definitivo donde el escenario del Belén pueda quedarse fijo todo el año, y así se llega a su ubicación actual en la falda de la montaña, en un paraje conocido como “EL Barrero”, espectacular emplazamiento que a pequeña escala podría recordar a las afamadas “Médulas”. Aquí se hizo la primera representación en la Navidad del 2009/2010 y la inauguración oficial del Parque Temático fue el pasado 18/12/2010.

En este espectacular emplazamiento, aún por desarrollar del todo, los amigos del Belén continuamos y continuaremos desarrollando nuestra actividad.

En el escenario y durante la escenificación  se representa, además de los pasajes bíblicos, viejos oficios y escenas cotidianas de cada época.

En las representaciones participan, junto con los escasos 15 socios de la Asociación, un buen puñado de vecinos del pueblo, hasta hacer un total que ronda el centenar de actores.

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Realmente se trata de una representación teatral dentro de un enorme escenario. Hay un narrador que establece el hilo conductor mientras los personajes principales llevan a cabo un total de nueve escenas: la anunciación, el pregón del empadronamiento, la llegada de José y María a Belén, el Nacimiento, la Anunciación a los pastores, la adoración de los pastores, las adoraciones de los diferentes habitantes del pueblo, la visita de los Reyes magos a Herodes, la adoración de los Reyes Magos  y la huída a Egipto.

Mientras se representan estas escenas principales, el resto de los actores continúa con sus labores cotidianas y actividades artesanas, con lo que todo el escenario se convierte en un poblado enormemente vivo.

A parte del enorme atractivo que supone en sí mismo un belén viviente, el de Cabezón añade la singularidad de los belenes castellanos, enlazando magistralmente dos épocas históricas separadas por dos milenios. Es una fiesta navideña, a la par que un emocionante homenaje a nuestros abuelos, representado unas raíces que nos diferencian y que han marcado la idiosincrasia castellana.

Y es que, no se trata de un simple decorado con actores, sino que realmente se elaboran productos artesanos: el alfarero modela el barro en su torno, el panadero cuece el pan en un auténtico horno de leña, los carpinteros y herreros trabajan con los útiles de los talleres preindustriales, se asan castañas, se prepara queso, la noria extrae el agua del río donde lavan las mujeres del pueblo, los pastores guardan rebaños de ovejas vivas mientras cocinan sopas de ajo en sus fogatas, etc.

Por lo tanto, la fiesta se convierte en un auténtico espectáculo cultural y un magnífico medio de divulgación etnográfica.